sábado, 25 de mayo de 2013

MEXICO VI: EL SUEÑO DE UN LOCO



Dedicado a mi amigo Santi,
uno de esos locos.

 
Con la cantidad de editoriales que publican guías para no perderse nada de tal o cual lugar, hoy en día viajar por libre está al alcance de muchas personas, entre las que me incluyo. Los turistas nos empeñamos en seguir unos hitos colocados por otros, y tratar de cumplir el recorrido fielmente para que tus amigos y conocidos no te reclamen a tu regreso si estuviste en este o aquel sitio. Por eso no resulta fácil encontrar parajes desconocidos o poco visitados.

En México, hemos tenido la suerte de encontrar uno de esos paisajes únicos. Un lugar mágico y misterioso creado por un excéntrico millonario que “dilapidó” la herencia de su familia patrocinando el mecenazgo de artistas como Dalí, Magritte o Picasso. Despreció las rentabilidades que le propondrían sus administradores y se empeñó en obtener otro tipo de beneficio: el artístico, ese que no eres capaz de verlo cuando lo tienes delante de tus narices y que al paso de cien o doscientos años se expone en los mas insignes museos del mundo, para que los admiren aquellos entendidos que en su día llamaron locos a esos artistas.

Ese poeta ingles, llamado Edward James, tras su mecenazgo a los artistas de vanguardia del siglo XX, se trasladó a un recóndito lugar al norte de Querétaro. Un pueblecito llamado Xilitla situado dentro de la Sierra Gorda. Xilitla está prácticamente colgado de las montañas y camuflado por la selva. Cuentan que una mañana, mientras el Sr. James se bañaba bajo unos saltos de agua paradisíacos, recibió la visita de "decenas de mariposas" (según sus palabras) e interpretó que aquel lugar era propicio para su propia creación. Por ello compró un enorme trozo de selva y comenzó la construcción de unos edificios de hormigón surrealistas y absurdos que están perfectamente en armonía con el paisaje.

Los edificios, bien podrían haber sido inspirados por los dibujos de MC Escher: columnas que se asemejan al bambú, capiteles en forma de hojas que no sujetan ninguna planta, escaleras de caracol que no llegan a ningún sitio, escaleras desprovistas de barandillas que ascienden y descienden sin sentido, habitaciones colgadas de árboles que recuerdan a Alicia en el País de las maravillas, columnas en forma de serpientes, todo sin una forma conocida, sin lógica, como brotadas de un sueño o de una pesadilla...

El lugar es un completo laberinto, con túneles entre la vegetación y caminos que se pierden en la maleza o que llegan a otros edificios perdidos y aún más extraños. En mi opinión, una absoluta maravilla, pues además de ello, debido a que todo el mundo lo calificó de millonario loco, el lugar esta prácticamente sumido en el abandono y la naturaleza lo ha adoptado como suyo mezclándose con sus formas, lo cual lo hace más maravilloso aún.

Junto a este parque puedes encontrar las pozas a las que Edward James también dio su toque artístico creando unas piscinas surrealistas con saltos, figuras y toboganes. El baño es una auténtica delicia, sobre todo después de soportar el calor y la humedad de este lugar.

Hace unos días leí una frase de George Lucas que decía: "En el arte. Si eres faraón puedes construir pirámides". Ojalá que el dinero, de vez en cuando caiga en manos de estos locos capaces de construir los sueños.

En esta ocasión me ha resultado muy difícil seleccionar algunas fotos para ilustrar la crónica, por ello os dejo un vídeo presentación para que os podáis hacer una mejor idea de este ensoñador paraje. Espero que os guste


video




PROXIMAMENTE   MEXICO VII: UN INTERMEDIO EN LA HISTORIA  (Crónica final)


martes, 21 de mayo de 2013

MEXICO V: LA GRAN FAMILIA SALESIANA


Dedicado a Raúl,
que pertenece a esa gran familia
y ya está con Don Bosco.



Desde los seis años yo estudié en un colegio de curas; salesiano para ser más exacto. Y lo cierto es que no guardo ningún trauma psicológico, ni me trataron mal, ni nada por el estilo. Al contrario, recibí una buena educación y hoy en día me siento muy orgulloso de pertenecer, de alguna manera, a la gran familia salesiana.

Cuando estudias bajo el modelo juvenil de Don Bosco, y lo vives tan de cerca como lo hice yo, no es de extrañar que adquieras una notable devoción a la Virgen Mª Auxiliadora. En mi caso, desde que salí del colegio aún la llevo a gala y me encomiendo a ella en los problemas. Todavía guardo en la cartera (o mejor dicho guardaba), una foto con la Auxiliadora de mi colegio trinitario y que me acompaña en todos mis viajes. Ese vínculo invisible que te une a la familia salesiana, perdura durante toda la vida, brillando, un poco más si cabe, cada 24 de Mayo.

Pero el destino, las vicisitudes diarias, el trabajo absorbente, los problemas domésticos...te van alejando poco a poco de ese sentimiento y algún día lo recuerdas con nostalgia como parte del pasado. Hasta que llega un día mágico, en el que apareces a 9.000 kilómetros de distancia de tu ciudad: en Querétaro, una ciudad moderna al sur del distrito federal, con algo más de 670.000 habitantes. Y allí, como por casualidad, tropiezas con los muros de un colegio. Un enorme colegio plagado de estudiantes de piel morena y brillante pelo azabache. En la entrada un letrero anuncia: SALESIANOS, y a la izquierda el busto inconfundible de Don Bosco.



Entonces todo se vuelve familiar y, a pesar de mis treinta y nueve años, traspaso el umbral para mezclarme con aquellos muchachos como si fuera a colocarme en fila india, con el brazo derecho sobre el hombro del compañero que precede.

Un conserje se dirige a Sonia y a mí con cara extrañada:

—Disculpen, ¿querían algo?

—Verá, somos antiguos alumnos salesianos de España y ...

El hombre vuelve la cabeza hacia atrás con la ilusión de una sorpresa.

—¡Don B! Aquí hay dos paisanos suyos- y a nosotros- pasen, pasen. Don B les va a atender.

A Don Venancio, un padre salesiano nacido en León, le llaman cariñosamente "Don B".

Don B es un cura mayor, pero de pequeña estatura. Yo diría que está como reducido por el paso de los años, encogido más bien. Como si hubiese sido un hombre alto y fuerte y ahora su cuerpo se hubiese contraído. Se ayuda de un bastón para caminar y aún así, lo hace con dificultad. Tiene el pelo canoso, las manos arrugadas, y al hablar apenas mueve los dientes. Lleva 23 años viviendo en esta ciudad, trabajando para este colegio y para estos niños y ahora se siente más queretano que leonés. Dando un paseo nos explicó todos los avances que ha tenido la escuela. Ahora es mucho más grande. Dos mil quinientos alumnos, tres campos de fútbol (de césped), varias canchas de baloncesto, multitud de aulas repartidas en varios edificios que rodean un recinto de 25.000 metros cuadrados, y una pequeña capilla, similar a un aula, con un altar donde se venera una imagen de Mª Auxiliadora. Cuando nos cruzábamos con los alumnos e incluso con los profesores que tenían la puerta del aula abierta lo saludaban cariñosamente levantando el brazo:

—¡Buenos días Don B!

Aunque su cuerpo esté encogido por el paso del tiempo, estoy seguro de que su corazón sigue siendo enorme.


Antes de marcharnos le regalé a Don Venancio la estampa de la virgen que tengo en mi cartera. Le pedí perdón porque los bordes estaban desgastados y rotos. Al darle la vuelta comprobó que se trataba de un calendario del 2001, supongo que este detalle le hizo comprender lo que expliqué en los primeros párrafos de esta crónica.

Siento no haberos descrito cómo es la ciudad de Querétaro, pero me temo que me voy de ella sin conocerla en profundidad, aunque tengo la certeza de que dentro de ella existen 25.000 metros cuadrados que conozco a la perfección y de los que puedo hablaros, pues llevo corriendo entre sus columnas desde que cumplí seis años.


PROXIMAMENTE: XILITLA, EL SUEÑO DE UN LOCO



martes, 14 de mayo de 2013

MEXICO IV: Una boda Mexicana

Uno de los motivos por los que vine a México, fue la invitación de boda de unos queridos amigos (Dania y Javi), que se celebró en Cuernavaca.


Cuando te invitan a una boda fuera de nuestras fronteras, de alguna manera siempre creas unas expectativas basadas más en los tópicos que en el sentido común. Como cualquier cateto que se precie de serlo, yo me imaginaba una boda con mariachis en el coro, el novio con sombrero mexicano y botas de montar, y a la novia vestida al estilo de Frida, con dos coletas negras formando un coqueto moño prendido a la cabeza por un lazo con los colores de la bandera mexicana. Y aún llegué más lejos de modo que pensé que cuando el cura dijera aquello de "ya sois marido y mujer" , el padrino, con dos cartucheras colgadas de las ingles, sacaría dos pistolas de plata y comenzaría a disparar al techo al tiempo que el resto de invitados dieran gritos de júbilo: ¡Andale, andale, híjoleeeee! Sí señor, todo un alarde de catetismo en estado puro aunque un poco exagerado.

Hago un ejercicio de extrapolación e imagino a un mexicano con idénticas expectativas si acudiera a una boda española, ¿imagináis? mejor lo dejamos, ¿no? que ya veo al cura vestido de corto y taconeando al final de la ceremonia.

Las bodas en México son muy parecidas a las nuestras. Todo está basado en un rito católico que es idéntico en un país que en otro. La elegancia en el vestir de los novios y los invitados en nada se diferencia a nosotros, y el arroz tampoco falta a la salida, aunque tengo que decir que en este punto hubo una sutileza destacable, pues además de arroz, se lanzaron al aire mariposas vivas, las cuales habían sido previamente repartidas a los invitados cautivas en unas blancas cajitas con una celosía para permitir el paso del aire.

En el convite, yo seguía esperando mi grupo de mariachis (como el grupo flamenco en la boda española, ¿no?). Pero no fue así. El convite al que asistí fue también muy parecido a los que se celebran en nuestro país. Tuvo bastante lujo tanto en el lugar escogido como en los manjares servidos. Para la recepción se había dispuesto una hermosa finca cubierta de árboles con el césped recién cortado. Sobre los jardines se levantaba una enorme carpa bajo la cual se habían dispuesto las mesas de los invitados con todo lujo de detalles, y un escenario para la actuación de una orquesta. Los cócteles sí tenían su particularidad pues en vez de sangría o manzanilla, nos ofrecieron margaritas de limón o de mango, y también agua de horchata y de otros sabores extraños que no probé pues me enganché al tequila sin dudarlo. Tampoco puedo decir que la comida fuera netamente mexicana, pues los platos cumplían con un estilo nouvelle cousine propio de la cocina internacional, eso sí, con una exquisitez que hizo que dejase el plato para nuevo uso.

Todo fantástico, "padrísimo" como dicen por aquí, incluso el saxo de Jazz que encaramado al escenario, amenizó el almuerzo.

Después vino la orquesta, los regalitos de los novios, el baile de salón, el trenecito... A las 8,00 de la tarde había perdido toda esperanza de disfrutar de los tópicos tan maravillosos que tiene este país. Pero entonces llegó el tequila. Los novios, desde el escenario, regaban las bocas de los invitados uno a uno poniéndose en fila india y repitiendo en la cola. Ni que decir tiene que perdí un poco la compostura. A las diez comenzaron a servir tacos de pastor y alambre con chile y a las doce de la noche aparecieron los mariachis.

¡Y qué hermoso resulta escuchar esos acordes de guitarra, esas fugas en las trompetas y en los violines, todo ello acompasado por el guitarrón mexicano que se te mete hasta el corazón!, ¡Qué bien lo hicieron los novios! Con tequila se disfruta mucho más los mariachis. ¡Qué bien supieron ofrecernos una muestra de su folclore!

Algunos invitados subieron al escenario para cantar con ellos. Y yo, desde abajo, emocionado entonaba el: "¡Y tú que te creías el rey de todo el mundo!" y también "¡Y volver volver volver, a tus brazos otra vez!"


Ya no me acuerdo de más. El tequila se encargó de llevarme al hotel. No recuerdo cuando se fueron los mariachis, pero no se me olvidará jamás esta boda mexicana.

PROXIMAMENTE: LA GRAN FAMILIA SALESIANA

sábado, 11 de mayo de 2013

MEXICO III: EN UN LUGAR DE LA MANCHA CUYO NOMBRE ES GUANAJUATO


Guanajuato
Cuando te acercas a Guanajuato, la carretera desciende bajo tierra y se introduce en la ciudad por unos antiguos túneles de piedra y calles adoquinadas que más se parecen al interior de unas mazmorras. Bajas del autobús y subes por unas escaleras hacia el exterior, como si fueran bocas de metro de unos siglos más atrás; entonces, una vez en la superficie llega la luz, el color y la belleza. Guanajuato es una ciudad de cuento, un decorado de novela, una recreación del espacio por donde bien pudiera haberse paseado, con permiso de Pérez Reverte, el mismísimo Capitán Alatriste.
Las calles, sin atender a normas de planificación se estiran, se arquean; interseccionan unas con otras sin geometría alguna, como los centenarios centros de las ciudades europeas, como un bullicioso Madrid del Siglo XVII. Todas esas calles parten del Jardín de la Unión que está rodeado por una arboleda cuidadosamente recortada en un alargado rectángulo cuya base son los troncos de los árboles, de modo que si tomásemos una fotografía aérea contemplaríamos un exuberante jardín enmarcado por las hojas de los árboles.

Los autóctonos se enorgullecen de presentarnos esta ciudad como la ciudad Cervantina de América, no en vano muchas de sus calles y hoteles tienen nombres alusivos al escritor: Hostal Sancho, Callejón del Quijote, Callejón de Cervantes, Hotel Dulcinea, Mesón Sancho Panza, Restaurante Rocinante... Lo cierto es que si uno se evade de la ciudadanía y del escaso tráfico, cree encontrarse en algún pasaje del Quijote, el cual se pasearía sin dudarlo por estas calles de piedra al trote de su escuálido rocín y con un yelmo reluciente fabricado con auténtico oro mexicano.

Los Guanajuatenses se sienten bien orgullosos de su "quijotismo importado", e incluso en alguna de sus calles han colgado un cartel (sin pudor alguno) que dice: "Aquí se inspiró Cervantes y comenzó a escribir sus entremeses".  ¡Con menudos entremeses se inspiraría Cervantes en esta tierra!, comenzaría con un sabrosísimo pozole (sopa picante de maíz y pollo o ternera) y luego podría elegir entre las tortitas de frijoles, las enchiladas de queso, o las flautas de pollo; y por qué no, con las gorditas de chile relleno, y los burritos, y los huaraches, los nogalitos, chicharrón; y seguro que terminaría con unos buenos tacos al pastor o al alambre. Sin duda a Cervantes bien le vendría la inspiración con la variada y exquisita gastronomía mexicana, muy lejos de la que conocemos por los restaurantes mexicanos de nuestros centros comerciales.


Un gringo despistado, al pie de la estatua de Cervantes o de la del Quijote y Sancho Panza, creerá ciegamente que el insigne escritor es oriundo de México y que su Quijote cabalgó por esta Mancha Guanajuatense. Permítanme que no sea yo quien le corrija, porque no hay mayor placer que contemplar una ciudad entera tan orgullosa de su pasado español, de su literatura y de un idioma que comparten y nos une, y que, aunque nos pese, utilizan bastante mejor que nosotros.
Por eso termino mi crónica con un: ¡Qué Viva Guanajuato!, ¡Qué Viva Cervantes!, ¡y que Viva México!
VALE.


PROXIMAMENTE: MEXICO IV: UNA BODA MEXICANA

miércoles, 8 de mayo de 2013

MEXICO II: DIOS DA A BORDA


Catedral de Taxco

En 1743, un minero llamado José de la Borda descubrió por casualidad la veta de plata más importante de Taxco. Dicen que en su explotación se trataba mejor a los indígenas que en otras explotaciones mineras. En pago de su suerte, decidió construir la Catedral de la ciudad. Desde entonces corre un dicho mexicano que dice: "Dios da a Borda, Borda da a Dios". Siglos después, la historia le ha devuelto a Borda parte de su inversión ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ad a parte de su inversi puesto que la mayoría de las ciudades tienen una calle o una plaza con su nombre.
Resulta curioso que el mencionado dicho está muy presente en todas las personas que hemos conocido en este país. Hemos encontrado numerosas variedades del dicho aplicadas a cada uno de los oficios, a cada una de las tiendas. Casi siempre encontramos un cartel que indica que todo lo que hagas te será recompensado. Los mexicanos son amables en extremo con el paisano o con el extranjero, y pienso que en algo tiene que haber afectado a su modo de actuar este dicho centenario. Siempre que tienes alguna duda sobre alguna calle, sobre algún restaurante, sobre algún punto de interés, aparece una persona que amablemente te indica el camino, te sugiere la mejor opción o te explica de forma desinteresada la explicación histórica. Es muy de agradecer, pero nuestra mentalidad europea nos impide confiar de manera mecánica y nuestro impulso siempre responde a la desconfianza.
Cholula
            Hasta ahora hemos visitado varias ciudades pequeñas de los alrededores del "De efe" (como lo llaman aquí). Todas tienen un elemento colonial común en su distribución cuadriculada y en sus bajos edificios de fachadas de colores. Sus calles adoquinadas rebosan de gentes, y en ocasiones circulan por la calzada al no haber sitio en las aceras. No faltan tampoco los vehículos modernos, rancheras y todo terrenos que muestran un poder adquisitivo alto de una clase media alta más abundante que en otros países hispanos. Las iglesias dominan la plaza principal que aquí se denomina zócalo. También son una muestra de la religiosidad de este pueblo, aunque intuyo que la religiosidad está mantenida por las clases más pobres. Todas estas iglesias recuerdan mucho a España. El estilo barroco de sus fachadas, y los retablos ricamente ornamentados de oro son tan familiares para nosotros que nos hacen creer que aun no hemos salido de nuestra ciudad.
Lo más destacable de las ciudades de México es la vida que fluye por las calles: hay mucho tráfico, ruido, gente acudiendo a sus lugares de trabajo, caminando o paseando, gente vendiendo mercaderías por las calles, y un camión con una música extravagante que a veces se corta y una voz ronca anuncia: "EL Gaaaaaaaaas".
Tlaxcala, Cholula, Puebla, Taxco, Cuernavaca, Zacatecas... son los nombres de estas ciudades amables y con un sabor picante a chile que se te pega en la lengua y no hay manera de expulsarlo.
Zacatecas
Cuando llegamos a Zacatecas, encontramos una cartera en el suelo con 2500 pesos (equivalente a 180 euros más o menos). En ella había varias tarjetas, un volante para el médico, un certificado de una nómina y la tarjeta de identificación del dueño de la cartera. Buscamos una guía de teléfonos y pudimos localizar al pobre albañil, quien al cabo de unos minutos nos estaba esperando a la entrada de la catedral. Lo primero que hizo fue mirar en el interior y dijo "¡Anda, y aquí está toda la pura lana!" (Aquí llaman lana a la "pasta"). Nos dio la mano efusivamente y nos despedimos. En ese momento pensé en Borda y pensé que toda la suerte que estamos teniendo en este viaje habría que devolverla de alguna manera. 
El Pechugón

PROXIMAMENTE: EN UN LUGAR DE LA MANCHA CUYO NOMBRE ES GUANAJUATO

martes, 7 de mayo de 2013

UN ALTO EN EL CAMINO

Hago un alto en el camino para presentaros el nuevo blog de mi grupo literario Punto y Seguido. Llevamos años juntos y ahora hemos conseguido llegar un poco más lejos.

Esperamos que os guste. Pichad en el logo y podreis navegar a años luz.



Buen viaje

miércoles, 1 de mayo de 2013

MEXICO I: TRAS LA HUELLA DE FRIDA


Catedral de México DF

Después de cruzar un océano, atravesar el control de inmigración de EEUU (que resulta ser como otro vuelo más), llegamos a Ciudad de México y la primera sensación que tengo es la de no haber salido de España. Los edificios sólidos de piedra antigua con arquitectura hispana, el habla de sus gentes  y sobre todo, los nombres de las calles: Insurgentes, Miguel A. de Quevedo, Moneda, Alameda, Reforma... etc. te dan la bienvenida cálida a esta ciudad tan lejana en el espacio pero tan afín a nosotros. Es notable la huella que dejaron sus antepasados españoles en esta parte del mundo.

Mural Diego Ribera en el Palacio Residencia
Para bien o para mal serán siempre recordados Don Hernán Cortes  o Don Pedro de Alvarado, famosos conquistadores que con sangre y tesón grabaron en la historia de este pueblo sus nombres para jamás ser olvidados (para bien y para mal). En los grabados que Diego Rivera plasmó sobre los muros del Palacio Presidencial, queda la impronta de su paso. También allí se refleja el fluir lento de toda la historia azteca que los precedió, y de la que les sucedió después de la lograr independencia, ambas tan sangrientas y gloriosas como la de la conquista. La historia siempre se graba con el rojo fuerte de las pasiones y crueldad del hombre.

La Casa Azul de Frida

Acercándonos al hermoso y tranquilo barrio de Coyoacán, con casas de lujo discretamente ocultas por la frondosidad de sus jardines, nos topamos con la Casa Azul. En esta nació, vivió y también murió la pintora mexicana Frida Kalho. Otra muestra de una vida apasionada y dolorosa que ha marcado una huella imborrable en este país. En la casa, pudimos contemplar sus pertenencias, recorrer las estancias por las que paseó Frida, en las que plasmó su obra, por las que amó, pudimos verla en sus fotos familiares y también pudimos entenderla (un poco al menos) en los textos de sus cartas a personas de influencia artística en su época como André Bretón o Picasso. En su correspondencia se aprecian las pasiones tan desgarradoras que la trastornaban: su terrible y doloroso amor con Diego Rivera al que nunca dejó de amar, y su tesón por dejar constancia en sus cuadros del dolor físico que marcó su vida.
Frida Kalho pintada por Diego Ribera
            Al salir de la Casa, comimos en un pequeño mercado cercano. Se compartían las mesas con otros clientes para que cupiera más gente. Nos tocó junto a un matrimonio mexicano que nos regaló una amabilidad de esas a las que no estamos acostumbrados cuando proceden de desconocidos. Alberto y Lupita nos explicaron muchas cosas de su país, de sus ciudades, de su música y de su literatura. La barba moteada de canas de Alberto le parece dar a primera vista un aspecto serio, de profesor, pero luego miras sus zapatillas deportivas y te das cuenta de la juventud y el arte que fluye dentro de él. Es saxofonista de Jazz y profesor de conservatorio. Nos regaló un CD de música en el que intervenía junto al Negri y Estrella Morente. Lupita, más callada, tiene una sonrisa amable y comprensiva, es cálida y aprecia cada detalle de nuestra conversación para indicarnos algún matiz interesante. Ella es diseñadora y ha trabajado en muchas películas mexicanas. Notamos una disposición encantadora por enseñarnos miles de cosas, y nos llevaron en su "carro" al museo de Diego Rivera que era nuestro siguiente punto de atraque. Una huella que se ha marcado en nuestro viaje y que jamás se borrará.

Casa Museo de Diego Ribera
Todos vamos pisando sobre la historia, algunos lo hacen con más suela que otros. Mejor es pisar fuerte, y que al menos haya servido para marcar el camino de otro.

PROXIMAMENTE MEXICO II: DIOS DA A BORDA