jueves, 6 de diciembre de 2012

INDIA IX. LA SEMANA DE LA INDIA


De nuevo en Delhi.

De forma irremediable, como en las más osadas aventuras, retornamos a una Málaga que nos recibirá llena de luces de colores para no ser menos que la India.  Lo estamos deseando.
La India no ha sido un país difícil. Se ha mostrado amable y servicial, y nos ha colmado de impresiones que tendremos que poner en orden durante los meses que se avecinan. Me gustaría hacer por ultimo mención de un detalle curioso.


Durante todo el viaje hemos encontrado a numerosos turistas, tanto jóvenes como mayores, personas que no imaginábamos en ese contexto tan extremo, pero ahí estaban. Yo también me considero un turista, al fin y al cabo, aunque pienso que voy buscando otra cosa. Tengo la impresión, tras haber tomado contacto con ellos y con todo el respeto que merecen, al contemplar sus caras de sorpresa y  asco, evitando con escrúpulos ciertos rincones, pienso que al venir aquí tan solo querían encontrarse con la India mística, la India enigmática, misteriosa; la India de los marajás, de los palacios, del lujo. No les importa que lo que le muestran los tour-operadores es prácticamente una fachada, pues la India es mucho más que eso. La India además es miseria, es calor, es suciedad, es resignación, es una cultura ancestral mezcla de muchas culturas con tradiciones tan diferentes a las nuestras que no entenderíamos en años.

La industria turística de La India procura no mostrarse así al turista. El dólar los ha hecho diferentes, solo hay que salirse un poco de los guetos turísticos para encontrarse con la realidad más cruda de este país: con gente que duerme en las calles; con basura acumulada sobre las aceras; con niños desnudos corriendo hacia la supervivencia; con vacas que vagan, indiferentes al trafico que las esquiva, buscando cualquier desperdicio que rumiar; con multitud de pequeños comercios donde se vende o se arregla de todo, donde sus dueños al cerrar la persiana convierten el suelo en su propia cama después de trabajar catorce horas diarias, siete días a la semana.

La India que he visto es también la que se regocija en la muerte por esperar una vida mejor, la que quema a sus muertos en una ceremonia sin solemnidad ni lagrimas, la India de los baños en cualquier estanque, lago o río, donde los hombres en taparrabos se lavan enjabonándose el pelo y las mujeres airean sus pechos sin pudor. La India, aparte del escaparate turístico es también eso, es color y por supuesto son los aromas de las especias y de los excrementos de vaca, de las delicadas sedas y el orín sobre las paredes, del olor del cuero curtido y la basura. 


Las dos apasionantes, enigmáticas e incomprensibles. No puede separarse una India de la otra, porque entonces será mejor y más barato subirse a la sexta planta de El Corte Ingles y deleitarse en la semana de la India.



Pedro Rojano.


PROXIMAMENTE VOLAREMOS A... MEXICO!!!

1 comentario:

  1. muy buena síntesis y la foto del Taj Mahal está preciosa. Como verás no te dejo acá ningún poema sacado de diálogos de Pasaje a la India o Ghandi...

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